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Madrid, 10 de septiembre de 2022

En el ascensor de casa, alguien —que ya no está— huele a mí. Pero le queda mejor que a mí.

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Mismo vagón de tren y día, ya menos excitado

Juzgar la inteligencia según la cara de tonto del prójimo no erra el tiro las más de las veces. N.N. Taleb dice que ad hominen is rarely a fallacy.

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En un vagón de tren, 1 de septiembre de 2022

Aún queda, intacta, la emoción de atravesar la tierra de Castilla. (Recuerdo al ayudante de tenedor de libros de la Rúa dos Douradores: porque yo soy del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura).

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Aeropuerto de Milán-Malpensa, 28 de agosto de 2022

De los aeropuertos me gusta que se pueda almorzar solo en compañía del periódico —en mi caso, el Corriere della Sera— sin sentar plaza de extravagante o de malvado de Tintín.

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Lago Maggiore, 26 de agosto de 2022

Cantábamos canciones italianas mientras nos vestíamos de seda e hilo de Escocia. Tutto va bene quando facciamo l’amore.

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París, el mismo día, algo más tarde

An insider tip: en el Café de Flore puedes pedir agua de Perrier por una pequeña fortuna y ya es cosa tuya imaginarte que es champán. (A mi lado, un asiático fofo, cuya soupe à l’oignon gratinée despide un olor que llega hasta a mi mesa, come a dentelladas).

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París, 23 de agosto de 2022

En el Museo de Orsay, où je trouve la beauté sans la tragédie—la diferencia más consistente entre el artista francés y español es que, encarado el Aqueronte, aquel se construye un florido puente de piedra y lo cruza saltarín, mientras que el español se tira al agua de cabeza. Allí mismo ordenamos queso e higos.

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París, 22 de agosto de 2022

Visito con D. la tumba de Baudelaire, en Montparnasse. Está llena de porquería. Je le hais comme vous haïssez Dieu. Tras la flânerie, cenamos falafel en un restaurante llamado Marianne, alegóricamente.

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Águilas, 16 de agosto de 2022

Y si nada hago, es porque nada tengo que hacer.

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Madrid, 30 de julio de 2022

Andaba recordando cuando vimos Fiebre del sábado noche bajo una manta de Ezcaray, hace un invierno, en Madrid. La parábamos de vez en cuando para bailotear juntos en el salón, y durante los días siguiente solo queríamos contornearnos como Tony Manero, vestir como Tony Manero, ser Tony Manero. Entonces le dije a D. que jamás fui tan feliz como aquella noche.