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Madrid, 4 de abril de 2026

Cuando llega la Semana Santa, llega también la terraza del Santo Mauro, y con ella la esperanza de que sigan sirviendo los filetes tártaros con patatas y ensalada aliñadas a la vinagreta.

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Madrid, 3 de abril de 2026

La gran ambición de mi vida no es otra que traer de vuelta a los Flyte y a los Finzi-Contini, aun rodeado de Rexes y Malnates; y con Micòl y el perro Bendicò a mi lado.

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Madrid, 2 de abril de 2026

Champaña y sol para ella, cava y sombra para mí; y con estos beneficios desiguales vamos cambiando de mesa en las terrazas de Madrid, arañando una luz que a mí de todas formas siempre me pilla de espaldas y que, por lo menos, no me calienta la copa.

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Madrid, 15 de marzo de 2026

Como una gavotte: noble, ligero y ordenado; y muy a menudo, a contratiempo.

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Madrid, 14 de marzo de 2026

O nos compramos la villa en Ferrara o me mato; a partir de ahí, busquemos juntos soluciones razonables.

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Madrid, 28 de febrero de 2026

El cruasán a la plancha: una delicadeza pasada por la confitura, fuego y la mantequilla; a la sazón, también un acto audaz, como Lolita o el Concilio Vaticano II.

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Milán, 17 de diciembre de 2025

Pamplemús, como una iglesia italiana cuyos muros trato de iluminar con mis moneditas.

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Madrid, 29 de noviembre de 2025

Como la boda de Legolas, así pienso la mía: con olor de Après l’Ondée, la música del violonchelo —como sacada de un árbol—, los candelabros y las flores, los colores de la lengua italiana, la verdad del castellano, y mi corazón en las tierras altas.

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Madrid, 16 de noviembre de 2026

Últimamente, quizá porque no hay motivos, vamos allegro leggiero, scherzando, y así, un poco teatralmente, cenamos fabada asturiana con filete tártaro a medianoche en el Paraguas, y ordenamos champaña en el mediodía escuchando los violines de Bach y a Ysaÿe, y nos levantamos tarde y desayunamos suizos en Mallorca, más to see que to be seen, la verdad, y yo leo la Monarchia del Dante —la cúspide de nuestra inteligencia solo puede alcanzarse colectivamente, y para ello necesitamos paz entre los hombres, que solo puede garantizarnos el Emperador, cuya toga púrpura ha tejido Dios— y nos consolamos con que, el mundo allí dentro puede ser más o menos bueno, eso se lo dejo a otros, pero esto que ahora viene me lo dejo a mí: es definitivamente peor, allá afuera.

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Madrid, 2 de noviembre de 2025

No es el arte para mí un refugio, sino piedra de toque; y así, hoy no disfruto de las cuerdas y los violines, el chelo y las danzas españolas, húngaras y romanas, de Inglaterra, Escocia y Danny Boy, sino que todo me lleva inevitablemente a lo que hay antes y después, a la vulgaridad y la descortesía, a las mentiras a la cara y las pequeñeces, la ponzoña y la estupidez, y entonces me enfurezco, y termina la música y estoy fuera de mí, ya basta, ya basta, etc. y luego me acuerdo de Pompelmo —la tengo aquí a mi lado—, del perro Paspartú y, en fin, de nuevo suenan las cuerdas, las danzas y Gran Bretaña, y entonces voy volviendo a mí, y además comemos ensaladilla rusa y ayer bebimos arak —bueno, yo bebí, a Pompelmo no le gusta el anís ni, asumo, la garriga, ni quizá tal vez Marsella, aunque creo que sí— y entonces vuelvo definitivamente en mí, y hay como mucho aire, y casi, casi, no me acuerdo que es domingo y que esta tarde tengo que trabajar. ¡Hum!