(xii)

(Placeres culpables) Viajar y no aprender nada, excepto el menú. La pasta con pan; no apurar el plato me parece una descortesía inadmisible, y la última vez que lo comprobé el ragú no se rebañaba solo. Los adverbios de modo: honestamente, los considero elegantísimos. Las hipérboles, sin exagerar. El café torrefacto: un líquido tan vil tiene que tener un propósito, tal vez divino. Inasible, en cualquier caso. La Coca-Cola del aperitivo: más rica que cualquier cerveza, y estéticamente insuperable. Pedir perdón algo menos, actuar algo mejor. La función punitiva del estado —no se entiende la polis sin la indeleble, benéfica certeza de que el que la hace, la paga—. A propósito de las certezas: la maldad tiene un pase, no así ser siniestro. Noviembre como mes predilecto. Mantener un silencio respetuoso, y no dar lecciones a nadie. Jamás ceder a la crueldad. España, a pesar de todo.

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