cxviii

madrid, 11 de octubre de 2026

no demasiado lejos de la mitad de mi vida, he renunciado a educar a los demás – jamás permití, al fin y al cabo, que lo hicieran conmigo – y, como mucho, trato de hacer de su vida un pelín más dulce; escucho a Britten y, sobre todo, sus melodías más fáciles y creo que me eleva o por lo menos no me rebaja; creo en las formas más que en la sustancia – aunque lo primero se resquebraje sin lo segundo – y en la vieja idea centroeuropea de ser ligero mientras se ama lo serio; como el gato Jeoffry, no causo destrucción si estoy bien alimentado y no escupo sin provocación; y, en fin, se me está olvidando cómo escribir y me parece que todavía no he encontrado una explicación convincente sobre por qué la humanidad debería gustarme más que mi perro.